¡De Tandil a Invercargill con la familia!

Hoy les compartimos la experiencia de Florencia Montaruli en Nueva Zelanda. Tiene 34 años y desde hace 8 meses está viviendo en Invercargill junto a su marido y sus 3 hijos.

«Experiencia Kiwi, a través de Cintia Pergolis, nos acompañó desde el minuto cero en que empezamos a planear esta aventura y nos sigue acompañando día a día!, no tengo más que agradecimiento eterno para Cintia y todo el equipo de Experiencia Kiwi, así como recomendárselos a ustedes con los ojos cerrados.

Estamos viviendo en Invercargill, una ciudad localizada en el extremo sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Llegamos a fines de agosto del 2018 con mi visa de estudiante de inglés. Tras poco más de un mes de estudiar inglés, alcancé mi nivel necesario para comenzar el Postgraduate in Business Enterprise en el Southern Institute of Technology en Invercargill. Desde noviembre estoy estudiando el postgrado y en un par de semanas finalizaré de cursar para comenzar el período de tesis. La verdad es que el curso fue super enriquecedor, con profesores de primer nivel, en un ambiente muy agradable. Tengo compañeros de Sri Lanka, China, India, Brasil, Singapur y Nepal, y entre todos aprendimos a entendernos, respetarnos y conocer mucho sobre las culturas y costumbres de cada país. Así que la experiencia del posgrado, además de lo académico se convirtió en una enriquecedora experiencia cultural.

En cuanto a mi familia, mi marido está trabajando desde noviembre y mis hijos de 8 y 7 años concurren a la escuela primaria, mientras que mi hija menor, de 3 años va al kindergarten. Ellos llegaron a Nueva Zelanda sin nada de inglés y hoy 8 meses después hablan el idioma fluido y se comunican sin ningún inconveniente. Nunca tomaron clases extra ni tuvieron profesor particular. El sólo hecho de ir al colegio de 8:30 a 3 PM de lunes a viernes fue el entorno ideal para que aprendieran el idioma. En la escuela nos encontramos con una comunidad super abierta, cariñosa, respetuosa y muy comprensiva que siempre apoyó a nuestros hijos y guió en la difícil experiencia de aprender en un país nuevo, con un idioma desconocido. Estamos felices como padres de poder darles esta experiencia que nunca se van a olvidar.

La vida en Invercargill es muy relajada, es una ciudad chica y nosotros elegimos vivir alejados del centro, en un hermoso barrio tranquilo, donde los chicos pueden jugar en la vereda y en la plaza enfrente de nuestra casa sin tener que estar cuidándolos u observándolos todo el tiempo. El relax, la seguridad y la libertad de este país son tesoros que no se consiguen en cualquier lugar y que no cambio por nada del mundo!. El ritmo de vida es muy tranquilo, todo comienza temprano en la mañana y termina temprano por la tarde, los fines de semana son para disfrutar en familia y nosotros los dedicamos a pasear y visitar amigos. Si bien la ciudad es chica, tiene parques para disfrutar que son increíblemente bellos, Oreti Beach, que es la inmensa zona de playa y es preciosa, un estadio gigante, un complejo de piletas cubiertas increible, y muchísimas opciones para compartir en familia en el tiempo libre. Si bien el clima es mayormente frío, el verano es corto pero muy lindo (y hace calorcito), y uno termina acostumbrándose al frío del invierno, cambiando sus hábitos para aprovechar el día desde temprano.

Muy cerca de Invercargill están Queenstown y Dunedin, dos ciudades muy conocidas de la Isla Sur asi que visitarlas es un plan muy común de fin de semana para quienes viven en esta, una de las ciudades más al sur del Planeta Tierra. También cerca están Te Anau y Manapouri, en la zona de Fiorland, con uno de los paisajes más bellos de toda Nueva Zelanda y Riverton, un pintoresco pueblito de playa muy cerca para disfrutar del día y volver.

No tenemos más que felicidad por este sueño cumplido. Vivir en Nueva Zelanda es una experiencia única, sea cual sea el tiempo que te toque estar, porque el país es único, tranquilo, lindo, seguro, con una diversidad cultural que asombra y con un respeto y tolerancia que impactan. A nosotros nos llevó 8 meses planificar este viaje, conseguir todo lo que necesitábamos, dejar todo en orden en nuestro Tandil natal y emprender un inolvidable viaje. Decidimos hacerlo, primero, porque sentimos con mi marido que era momento de hacer un stop en nuestras vidas y dar un cambio de rumbo, lanzarnos a algo desconocido con todos los miedos que ello implica (más cuando uno tiene hijos) porque era el momento de dejar la zona de confort. Creemos que darles esta experiencia a los hijos puede ayudarlos a entender la vida se trata de vivir la mayor cantidad de experiencias posibles, de arriesgarse e intentarlo, de ponerse un objetivo y perseguirlo hasta cumplirlo y de aprender mucho.

No es fácil planificar un cambio así, con familia, requiere tiempo y durante ese tiempo muchas cosas pueden cambiar, hay sucesos inesperados, cambios que no estaban previstos, cosas que salen fácil y cosas que se complican o tardan un poco más. Pero justamente ese es el aprendizaje: esta experiencia nos enseña como familia que se puede disfrutar de lo inesperado, que hay que estar abierto a esperar cambios, y adaptarse a las cosas. Nosotros estamos en un aprendizaje y adaptación cada día, y la verdad que no me arrepiento ni un minuto!. Es un proceso largo, para el cual hay que estar decidido a aceptar cambios e imprevistos, pero vale muchísimo la pena!.

Si están planeando una aventura así en sus vidas, y en algún momento no saben si avanzar o quedarse… no lo duden! Nueva Zelanda es un país maravilloso, de gente maravillosa y con una belleza pocas veces vista. Nunca se van a arrepentir!.»

Florencia – Héctor – Bernardita – Martino y Margarita.

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